Biografía

El año 1963 concluí el proceso de formación como estudiante de filosofía en la Universidad Pontificia de Salamanca, complementando este final con la presentación en la Universidad Complutense de Madrid de una tesina de Licenciatura sobre la filosofía de Plotino. Cerrado este primer ciclo de formación: Licenciatura en Filosofía, inicié la carrera profesional como docente de filosofía. Una carrera que ha estado centrada en la docencia de la historia de la filosofía, entendida como interpretación de textos. Mi característica más clara como filósofo es la que Bourdieu ha denominado la “doxa del comentador profesional de textos”. Entendiendo esta expresión tal como Plotino entendía la filosofía al escribir: “Somos, pues, ahora los exégetas de estas viejas doctrinas, cuya antigüedad queda atestiguada por los escritos del propio Platón” (V, 1, 8). La tarea del historiador de la filosofía es la del diálogo con la tradición, con las doctrinas escritas que nos han dejado los antepasados. Dicha enseñanza lejos de ser una enseñanza dogmática es una enseñanza rigurosa y crítica, es una enseñanza cuidadosamente hermenéutica que hace posible que los viejos textos de los viejos filósofos puedan seguir diciéndonos cosas en el presente.

Mis obras son fundamentalmente “comentario de textos”. Dialéctica, historia y progreso (1968), que fue la tesis de doctorado es un comentario a Los Manuscritos y El Capital de Marx. La filosofía en la Europa de la Ilustración (1998) es un comentario a algunos de los textos de los principales representantes de la ilustración europea. Y una de las últimas obras: la Introducción a las Obras de Descartes (2011) es un comentario a las Obras de Descartes.

El 30 de septiembre de 2011 ha concluido mi vida laboral y he entrado en el espacio de la jubilación. He sido nombrado Catedrático emérito de la Universidad de Salamanca, situación en la que me encuentro. Lo que pretendo en esta página es continuar la tarea de “historiador de la filosofía” comentando algunos textos con la esperanza de que algún lector se anime a leer el texto y a través del mismo pueda entender mejor la época en la que le ha tocado vivir.

Momentos de la trayectoria biográfica


El primero de esos momentos es el del comienzo de la carrera de investigación con la preparación de la tesis de doctorado en torno a la teoría del progreso y a la figura de Marx. El campo de esta investigación es el de la filosofía de la historia y culmina con la publicación de la tesis con el título de Dialéctica, Historia y Progreso. Introducción al estudio de Marx, en la editorial Sígueme de Salamanca el año 1968. La publicación de este texto cierra el segundo período de formación: Doctorado en Filosofía y da paso a otro período de la vida académica centrado fundamentalmente en el camino para la obtención de una plaza como profesor de filosofía en la Universidad.

Este nuevo período se inicia el año 1969 con la obtención de la plaza de Profesor Adjunto de filosofía en la Universidad de Salamanca; se continúa con la presentación a una serie de oposiciones de Agregado de Filosofía y culmina el año 1978 con la obtención de la Agregación de Filosofía de la Universidad de Extremadura (Cáceres).

Estos ocho años de oposiciones son años de consolidación del saber en historia de la filosofía, en los que inicio las que van a ser líneas de especialización en el campo de la investigación. La primera de esas líneas es la que tiene que ver con la filosofía de Kant, el primer resultado de la cual son dos artículos publicados en Cuadernos salmantinos de filosofía: uno en 1975 titulado Kant y el surgimiento de la ciencias humanas y otro de 1977 titulado Teoría de la ciencia en Kant: De la metafísica a la historia. Esta línea de investigación ha dado como resultado nueve artículos y dos libros, el último de los cuales publicado en la editorial Síntesis de Madrid, el año 1998 con el título de Kant y la filosofía de la Ilustración. Mi investigación sobre Kant se ha centrado en la tercera de las críticas de Kant.

La segunda de las líneas de investigación en el ámbito de la modernidad tiene como objeto la filosofía de Spinoza con cuatro artículos entre los años 1974 y 2004.

La tercera de las líneas también dentro del ámbito de la modernidad es la que se centra sobre el Renacimiento en general y el Renacimiento en Salamanca en particular, atenida sobre todo al primer Renacimiento (siglo XV), lo que va a dar lugar a un grupo de investigación con varias publicaciones, entre las que podemos destacar cuatro libros entre los años 1988 y 1990: El humanismo científico (1988), La ciencia del cielo (1989), La ciencia de la tierra (1990) y Pedro S. Ciruelo: una enciclopedia humanista del saber (1990). El desarrollo de esta línea de investigación ha generado varios artículos sobre el estado de la ciencia en la Universidad de Salamanca en la época del Renacimiento; y sobre una primera escuela de Salamanca a partir de la figura de El Tostado y con una clara presencia del “humanismo cívico” italiano en ella.

Mi investigación se ha ocupado también de una serie de temas relacionados con las personas con las que he convivido y me he relacionado a lo largo de mi carrera académica. En esta línea ha ido adquiriendo relevancia la investigación sobre la “filosofía española”, en cuyo ámbito han acabado adquiriendo mayor consistencia las publicaciones sobre la filosofía de Unamuno.

El campo de la docencia es el que ha ocupado la parte más importante y extensa de mi vida universitaria desde que el año 1965 iniciara la carrera académica como Ayudante de clases prácticas. El año siguiente: 1966 pasé a ser Adjunto interino y tuve a mi cargo las clases de Fundamentos de Filosofía e Historia de los sistemas filosóficos. Mi gran ocupación ha sido con los textos de la historia de la filosofía, cuyo estudio y explicación ha constituido el objetivo fundamental de mi carrera universitaria. He trabajado y explicado los textos de los principales sistemas filosóficos desde Platón y Aristóteles hasta los filósofos del siglo XX y los de la actualidad, como es el caso de Habermas y Brandom, filósofos actuales sobre los que he escrito varios artículos.

La filosofía se constituye como saber a partir del juicio o proposición, que como ya dijera Aristóteles, es el lugar de la verdad; de manera que podemos afirmar que el objeto de la filosofía es la verdad, que a su vez delimita el llamado espacio de las razones. Ese espacio en el que los participantes están comprometidos con el dar y pedir razones. De ahí que pueda entenderse la práctica de la historia de la filosofía como la reconstrucción de ese espacio en distintos momentos del tiempo. La materia de la misma son los textos calificados como filosóficos, cuyo lenguaje propio es el lenguaje conceptual. Por ello la tarea del historiador de la filosofía es la de hacer explícito el “orden de razones” que se hace presente en los textos, mostrando a la vez cómo ese “orden de razones” está conectado con el tiempo histórico en el que ese orden de razones se constituye.

En esta tarea de interpretación de textos puedo distinguir tres momentos: uno más estructuralista en el que el elemento fundamental del texto, según mi interpretación, era el lenguaje; un segundo momento más hermenéutico en el que se destaca el poder decir del texto, el elemento creador y poético del lenguaje; y un tercer momento, que es el actual, más pragmatista en el que se considera el lenguaje como un entramado conceptual, cargado de una totalidad de sentido, que el historiador de la filosofía, como intérprete del mismo, va haciendo explícito en el trabajo con los textos.

Quiero cerrar este breve esbozo autobiográfico con una referencia al campo de la filosofía de la historia, que es otro de los ámbitos de especialidad de mi dedicación a la filosofía. El año 1968 publicaba: Dialéctica, Historia y Progreso, que había sido la tesis presentada para la obtención del título de doctor. De los tres conceptos que componen el título, el de Progreso fue el origen de la investigación. Se trataba de un concepto fundamental de la Ilustración que estaba en el centro de la interpretación que de la historia hiciera la modernidad en la etapa madura de la Ilustración. La modernidad madura (Ilustración) se vivió desde una profunda experiencia de optimismo de acuerdo con la cual se pensaba que la humanidad caminaba hacia lo mejor, como dijera Kant, y que en ese final de lo mejor el hombre y la humanidad entera lograrían la plena emancipación en un mundo en el que se habría realizado la libertad. Este sueño se pensaba como posible y se creía que acabaría realizándose. En línea con este planteamiento el año 1983 publiqué un libro con el título de Génesis de la razón histórica, Ediciones Universidad de Salamanca, en el que analizaba el concepto de razón subyacente a la filosofía de la historia nacida en la época de la ilustración.
Hoy, en el año 2011, cuarenta y tres años después de aquel 1968, el concepto de Progreso ya no es el eje de nuestra sociedad y el proyecto ilustrado está cuestionado y tiene sustituto. Nuestra sociedad es la sociedad del Riesgo y éste es el concepto fundamental, que ya no tiene en su centro la idea de emancipación, sino la de miedo. Nosotros no vivimos la sociedad desde la experiencia optimista de la emancipación, sino desde la experiencia angustiosa del miedo. “Las ocasiones de tener miedo son de las pocas cosas de las que nuestra época actual, tan carente de certeza, garantías y seguridad, no anda escasa. Los miedos son múltiples y variados”.[1]

El resultado de la utopía del progreso fue la sociedad industrial y sus formas de vida correspondientes: sociedad de clases, familia nuclear, trabajo estable, cultura integradora, etc. Hoy, en cambio, vivimos el final de la sociedad industrial y el modelo de socialización que corresponde a la sociedad del riesgo es el modelo de individualización. La sociedad del riesgo, como sociedad individualizada, ha roto todos los “lazos de solidaridad” que jugaban a favor de la integración del individuo en la sociedad industrial y como consecuencia de ello el individuo se experimenta como un ermitaño solitario dentro de una sociedad de masas. En las sociedades actuales nos encontramos con “la existencia colectiva estandarizada de los masa-ermitaños aislados”, según palabras del sociólogo U. Beck. La pregunta que nos hacemos es cómo plantear la filosofía de la historia (si es que esto es posible) en esta nueva sociedad en que ha desembocado la última fase de la modernidad. Y este es el punto en el que hoy se encuentra mi reflexión, intentando buscar una respuesta a la pregunta de si hoy sigue siendo posible plantear una filosofía de la historia (ver texto).
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[1] Bauman, Z.: Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores. Trad. A. Santos, Paidos, Barcelona, 2007, 33.

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